Me presento.
Hijo de un pintor escondido y una poetiza que nunca salió
a la luz más que entre amigas; sobrino de un escritor que supo desgranar su
acidez literaria por diversas revistas culturales, poeta y crítico de
incendiarios comentarios; nieto de un ignorante que solo cursó 2º grado de
aquella escuela de principio del siglo XX, pero que sin embargo llegó a ser
Secretario de un juzgado de la ciudad de Rosario, en la provincia de Santa Fe,
Argentina y que además escribía poemas y tarjetas de salutación con un estilo
único, adornadas por sus propios dibujos a la pluma que vendía por unos
céntimos; estudiante avanzado en Bellas Artes, lector incansable, artista
plástico de los años setenta, con este bagaje en mi mochila, tras haber
caminado mucho y a contramarea en la vida, al fin me he sentado a escribir
cuanto hay en mi alma guardado y memorizado.
Dicen que con buenas raíces es mucho más probable que el
fruto sea delicioso y abundante, por lo que pretendo hacer honor al dicho y a
mis antecesores, a la sangre judeo mediterránea que bulle por mis venas y a
quién fue mi mayor mentora: Mi Señora Madre.
No hallaréis un estilo definido, tanto va una novela de ciencia
ficción como un cuento breve o un relato para niños y adolescentes. Tanto soy
yo mismo, como mil personajes que he conocido o una mujer de alguna época
lejana en un lujurioso paraíso, como un enano histérico y malmandado.
La prosa por sobre la poesía y el mensaje oculto siempre
presente.
Amo la vida como amo la muerte, a ambas las conozco de
cerca y coqueteo con ellas como si de mis amantes se tratara, a ambas las
considero mis amigas con quienes juego cada día, sin temor y con alegría.
E intento en todo momento dejar en mis letras, la fuerza
que se debe tener para estar aquí, sea este aquí, donde sea, sin importar el lugar,
la condición, la calidad o la compañía; lo importante es estar por encima de
todo.
Sostengo que para poder llegar a cierta sabiduría es
necesario elevarse por arriba de la mediocridad, a la que invito
constantemente.
Creo firmemente que todos somos capaces de hacer crecer nuestras
alas y levantar nuestro vuelo de modo de conseguir ese ansiado estado del
sabio, solo es cuestión de proponérselo.
Invoco a los dioses a que les iluminen mientras leen mis
escritos y vuestras alas crezcan hasta alcanzar las del Águila; ojalá podamos
juntos emprender el vuelo en cada párrafo hasta el mundo de nuestra
imaginación, donde todo es posible.

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